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Transferencia de microbiota fecal

Fecha de publicación: 12 de enero de 2024

La transferencia de microbiota fecal (TMF) consiste en la administración de materia fecal procedente de un donante sano a un paciente enfermo, tras ser procesada, con el objetivo de restaurar o modificar su microbiota. El procedimiento se realiza mediante la introducción en el tracto gastrointestinal de un paciente receptor (por colonoscopia, sonda enteral o cápsulas) del producto procesado procedente de las heces de un donante sano. 

La recolonización del colon con las bacterias transferidas ha demostrado eficacia para la eliminación de Clostridioides difficile toxigénico del tracto gastrointestinal, la mejora de los síntomas de la enfermedad asociada y la prevención de nuevos episodios, aunque su relación beneficio-riesgo aún no está totalmente establecida. Este método permite, mediante la modificación de la microbiota intestinal humana, tratar la infección recurrente por este microorganismo.

El siguiente acordeón desplegable tiene como objetivo proporcionar un marco de conocimiento sobre la TMF en todos sus contextos:

La detección de las toxinas de C. difficile ha llevado al riesgo de sobretratamiento de pacientes colonizados y a pruebas persistentemente positivas después del tratamiento. La mortalidad asociada a esta infección varía entre el 4% y el 7%, y algunos pacientes desarrollan formas graves y complicadas de la enfermedad. Hay una estimación en la que alrededor del 20% de los pacientes presentan recurrencias de la enfermedad, lo que se asocia con más hospitalizaciones, mayores costos y mayor mortalidad. En cuanto al tratamiento, se recomienda el uso de terapia de microbiota fecal (TMF) en casos de recurrencia y en casos graves y refractarios al tratamiento con antibióticos convencionales. Sin embargo, hay limitaciones y se requiere un abordaje multidisciplinar para evaluar el beneficio y el riesgo en cada paciente.

Respecto a la seguridad de la TMF, ha habido reportes de reacciones adversas como distensión abdominal, diarrea y cansancio. Aún así, se desconoce el impacto a largo plazo de la administración de materia fecal, aunque hay avisos sobre algunos casos de transmisión de patógenos, un suceso que ha llevado a cambios en los protocolos de cribado de donantes.

Hay diferentes tipos de donantes para el tratamiento de la microbiota fecal (TMF). Éstos pueden ser parientes consanguíneos, personas cercanas al paciente o voluntarios sin relación con el receptor. La elección será llevada a cabo por especialistas en gastroenterología, medicina interna o enfermedades infecciosas desde un centro especializado. Para seleccionar el perfil idóneo hay que tener en cuenta:

  • La edad del donante debe de ser, preferiblemente, adultos de entre 18 y 50 años, o hasta los 60 años, en caso de haberse sometido a un cribado de cáncer colorrectal negativo.
  • El material de la TMF debe provenir, preferentemente, de un banco de heces centralizado.
  • La evaluación del donante tiene que ser minuciosa, habiendo valorado su salud, enfermedades y hábitos de vida. Hay que realizar pruebas de laboratorio en sangre y heces para descartar la presencia de patógenos que puedan transmitirse al receptor.
  • Los plazos tienen que ser los adecuados, con  necesidad de que el estudio pre-donación se realice como máximo 2 semanas antes de la donación y para garantizar la seguridad del donante, y se recomienda mantener la donación en cuarentena durante un período de entre 2 y 8 semanas para asegurarse de que no haya cambios relevantes en la salud del voluntario después de la última donación.
  • El recipiente para la recogida de la muestra debe ser de un solo uso y de cierre hermético.
  • La muestra debe ser inspeccionada visualmente y solo se deben aceptar muestras normales, no procedentes de diarrea ni estreñimiento.
  • Es recomendable usar un contenedor que preserve la anaerobiosis o incorporar un sistema de anaerobiosis para mantener la viabilidad de la población microbiana anaerobia.
  • El traslado de la muestra al laboratorio debe realizarse en un periodo de no más de 6 horas, en una bolsa térmica que mantenga la muestra a unos 4 °C.
  • Para una TMF con heces frescas, se requiere una cantidad de 50 g de heces, que se diluirá en 250 ml de suero fisiológico estéril. El volumen filtrado debe ser una muestra líquida sin trazas.
  • Para una TMF con heces congeladas, se pueden seguir dos opciones: añadir glicerol estéril al 10% antes de la congelación o congela la muestra directamente sin manipulación adicional.
  • El volumen final de la muestra para cada vía de administración tiene diferentes rangos.
  • Para obtener cápsulas de microbiota fecal liofilizada, se requiere una muestra fresca de al menos 50 g. Se procede al procesamiento en una cabina de flujo laminar y se realiza la liofilización y encapsulamiento del producto.
  • Hay que garantizar la trazabilidad mediante la identificación de todas las muestras, con códigos alfanuméricos relacionados con el donante y receptor. Además, hay que mantener una base de datos de donantes y receptores para registrar su información.
  • Los pacientes deben recibir una información mínima antes de utilizar la TMF, incluyendo requisitos de calidad, ventajas y riesgos, y es responsabilidad del médico prescriptor garantizar que esta información sea recibida.

La administración y ejecución de la transferencia de microbiota fecal (TMF) se puede realizar a través de dos vías, la vía gastrointestinal inferior, mediante enema de retención o colonoscopia, o el tracto gastrointestinal superior, mediante gastroscopio, sonda nasogástrica o cápsulas.

La TMF es efectiva para el tratamiento de la infección por C. difficile recurrente y el método de administración preferido puede variar según la situación clínica del paciente. Es recomendable interrumpir cualquier tratamiento antibiótico antes de la TMF y realizar una evaluación médica previa. La mayoría de los procedimientos de TMF van a ser realizados en ayunas y se recomienda mantener el ayuno durante 2-6 horas después del procedimiento.

La TMF puede ser administrada en forma líquida, congelada o liofilizada. La administración a través de cápsulas ha demostrado ser efectiva y bien tolerada. La administración de TMF mediante colonoscopia tiene tasas de resolución superiores al 90%, mientras que la administración mediante enema tiene tasas de eficacia inferiores pero puede ser una opción más accesible. El uso de fármacos antiperistálticos después del procedimiento y seguir las indicaciones de dieta post-procedimiento hará que el tratamiento sea más eficaz.

Las obligaciones de farmacovigilancia se ajustarán a lo descrito en el Real Decreto 577/2013, de 26 de julio, por el que se regula la farmacovigilancia de medicamentos de uso humano.

Todos los procedimientos de farmacovigilancia se llevan a cabo en servicios hospitalarios. El equipo responsable de la gestión de la farmacovigilancia en un centro o servicio de salud debe contar con un sistema de recopilación de sospechas de reacciones adversas, que deben ser comunicadas al Centro Autonómico de Farmacovigilancia correspondiente en un plazo de 15 días en caso de sospechas graves y de 90 días en caso de sospechas no graves.

Esta comunicación se puede realizar a través del formulario electrónico www.notificaRAM.es, y debe incluir el código de identificación de la muestra. Además, el notificador debe enviar información adicional del caso una vez que se hayan completado las investigaciones pertinentes.

El sistema de farmacovigilancia creado por el centro o servicio responsable debe registrar de manera accesible las sospechas de reacciones adversas recopiladas durante el proceso de gestión de la farmacovigilancia.

enlace a notificaPS

La transferencia de microbiota fecal (TMF) es la mejor opción terapéutica para ciertos pacientes con Infección por Clostridium difficile (ICD). Sin embargo, debido a que el número de pacientes candidatos a recibir TMF no es muy elevado, no es necesario que la mayoría de los centros sanitarios dispongan de este recurso.

Por lo tanto, es recomendable su centralización en centros de referencia y con experiencia acreditada para garantizar la calidad del tratamiento. Los requisitos necesarios para llevar a cabo la TMF en centros sanitarios se dividen en:

  • Requisitos estructurales, para exigir contar con equipos multidisciplinares formados por médicos especializados en enfermedades infecciosas, especialistas en aparato digestivo, microbiólogos y farmacéuticos. Estos equipos deben tener experiencia en el tratamiento de la ICD, contar con un programa de tratamiento y seguimiento de pacientes, y tener un procedimiento de selección de donantes.
  • Requisitos de capacitación profesional, para reclamar experiencia en el tratamiento de la ICD, así como conocimientos sobre endoscopia y manejo de muestras para la preparación del medicamento.
  • Requisitos de las instalaciones clínicas, para contar con instalaciones apropiadas para realizar la TMF y capacidad para gestionar el seguimiento de los pacientes y posibles reacciones adversas.
  • Requisitos de laboratorio de diagnóstico, para tener un laboratorio de microbiología con capacidad para realizar el estudio serológico y microbiológico de los donantes, así como para conservar las muestras de manera adecuada.
  • Requisitos de las instalaciones de preparación del medicamento, para establecer que las unidades asistenciales involucradas en la preparación del medicamento son responsables de obtenerlos y seguir su evolución. También se menciona la posibilidad de que los medicamentos sean elaborados por laboratorios farmacéuticos autorizados.